El duelo es una respuesta normal de nuestro cerebro ante una pérdida, en el ámbito que sea. Cada persona puede percibirlo de una forma diferente. Debemos darnos tiempo para pasarlo y no intentar acelerarlo.
El duelo es ese proceso delicado y complejo mediante el cual hemos de decir adiós a una persona que era significativa para nosotros.
Ese camino personal requiere, sin duda, de múltiples procesos personales que iremos desarrollando y canalizando día a día. No obstante, la forma en que cada uno llegue hasta dicha aceptación tiene siempre un fin semejante: «instalar» al ser querido como el tesoro más preciado de nuestro corazón.
Una vez el recuerdo de ese ser queda arraigado en nuestra memoria de forma ya más tranquila, nos podremos permitir ser felices de nuevo. Ahora bien, el duelo no es olvidar, sino sanar el dolor para aprender a vivir con dicha ausencia.
Hoy en nuestro espacio queremos enseñarte adecuadas estrategias para que puedas conseguirlo.
Mi duelo, tu duelo
Hay un aspecto que los psiquiatras y psicólogos nos dejan bien claro: cada persona afronta el duelo de un modo y todos son igual de respetables.
Por este motivo en ocasiones se habla de esos falsos mitos sobre lo que unos entienden por «el duelo más saludable, el universal y que sirve a todos por igual». Veamos algunas falsas ideas que debemos empezar a derrumbar.
Falsos mitos sobre el duelo
- La persona que no exterioriza el sufrimiento está condenado a llevar un «mal duelo». No es cierto. El duelo tiene mucho que ver con la personalidad de cada uno.
- Así pues, alguien que no sea muy expresivo, que no esté habituado al desahogo emocional, a comunicarse con otros para hablar de sus sentimientos y emociones, manejará el duelo a su manera.
- El deseo de estar solo con uno mismo para reorganizarse, para pensar, para sanar esa ausencia, es algo tan respetable como quien opta por acudir al psicólogo. Cada persona sana sus heridas a su manera.
- Otro falso mito es el que nos dice aquello de que el tiempo lo sana todo. No es correcto. El tiempo no sana si uno mismo no propicia el cambio, la aceptación, la integración de esa pérdida.
- Hay que dejar claro un aspecto importante: ese vacío siempre va a existir en nuestro corazón; el tiempo no va a curar por sí mismo esa ausencia. Lo que sí va a propiciar es que «duela un poco menos» para permitirnos seguir viviendo.
- Otro mito es el siguiente: el dolor se siente al momento, y quien no lo sufra es una persona fría. Esta es otra idea que conviene que derrumbemos también.
Tras una pérdida, tras perder a alguien por un accidente o una enfermedad, el dolor no llega en el mismo instante. De hecho, pueden pasar semanas hasta que la persona reaccione.
Ello no significa en absoluto que carezca de sentimientos.
- Lo más común es que el impacto de esa muerte nos ocasione una negación. No podemos creerlo y, por tanto, somos incapaces de reaccionar. Poco a poco llegará la toma de conciencia de esa pérdida y el consecuente dolor.
- Lo más común es que el impacto de esa muerte nos ocasione una negación. No podemos creerlo y, por tanto, somos incapaces de reaccionar. Poco a poco llegará la toma de conciencia de esa pérdida y el consecuente dolor.
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Trabajar las heridas día a día
Hemos aceptado ya que esa persona ya no está. Nos hemos despedido mentalmente de ella… ¿Y ahora qué?
- Ahora quedan las heridas de la ausencia y una vida que reconstruir de otra forma sin el ser querido.
- Entiende que esa va a ser una lucha cotidiana que vas a tener que afrontar cada día. Ahora bien, es necesario que entiendas que no estás solo, que hay más personas contigo y que te van a ayudar.
- No tengas miedo a ser feliz de nuevo. El ser querido duerme para siempre en tu corazón, está contigo y es vital que vuelvas a sonreír por él.
Haz de tu vida un homenaje a su memoria. Haz que tus días sean plenos, llora cada vez que lo necesites y no tengas miedo a reír de nuevo.
Seguro que esa persona se alegra de ver tu rostro iluminado de nuevo por la alegría.








